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enarbolar la bandera de la Masa omitir el abismo reverberante sucumbir a la fata morgana de la calle abotonarse el overall de la Sumisión marchar al son de las trompetas de la entropía abandonar la carne a la inercia del Tedio ahogar al Espíritu con la gimnasia del trabajo encerrar los gestos en la casa de los espejos castigar el brote perverso de la inocencia la ácida pululación del sinsentido esa monstruosidad del deseo hecha poesía celebrar el pudor del Capital ante la orgía de la pereza amordazar la vertiginosa sonrisa de Afrodita huir, infatigablemente huir de los cuchillos que lanza la música de New York construir la Ciudad de Dios sobre Tacumbú utilizar verdugos como imágenes sagradas sustituir la superstición de la escuela por las iluminaciones del electroshock veranear en las playas del masoquismo chic prohibir el intempestivo sueño de los niños la desgracia cotidiana de la oscuridad el ultraje divino de las púberes... la muerte, que alborota la cobardía de los hombres |