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Pero que manera más burguesa de dormir tiene este tipo. La forma de contraerse de los débiles. La extraña anamnesis del cuepo que sueña su letargo mítico. La curva histérica de María, dice Sollers, agudamente. Como si el centro del cuerpo, el estómago, exigiera pleitesía a la totalidad de su reino: sangre, semen, músculos, sueños, precipitados sobre el rictus atemporal del dios de Delfos. En materia de sexo, soy un pedofílico declarado. Prefiero el torpor desilusionado y naturalista de las putas, esa condición esencialmente no future de sus ojeras, a no ser el de la sífilis o de la gonorrea. Esta provincia, tengo que admitirlo, ha secado en mí cierta primitiva inclinación hacia un, podríamos llamarlo, erotismo panteísta (los cuerpos humanos como pedazos, fragmentos, cuya suma da la esencia de Dios. Todos los cuerpos el Cuerpo de Dios - flotar en Dios, navegar la gran corriente del placer divino, a la deriva en el torrente de lo sagrado... Heraclitismo freudiano, monismo libidinal, mística energética). ¿Por qué la noche es de los falos? Todas las mujeres se han refugiado en sus respectivos corrales. Pero a veces, al atardecer, ellas copan las aceras, a exhibir sus pies sin ars erótica, sus pantorrillas psicoanalizadas, sus muslos bajo el temblor de la pastoral cristiana, sus sexos mojados por el agua bendita, sus bocas que chupan el metal fascista o post-neolítico de sus bombillas. Super to’o, o por lo menos loca (que fume y chupe) o en último caso instruída, leída, intelectual. Una post-yuppie de dorados bucles como Ariadna antes de caer en manos de Dionisos. Una bestia rubia. I love you, Elizabeth. Una mennonita perversa que haya hecho pedazos los diez chanchitos de su padre. Una descdescolorida petite femme de la generación X que ama las computadoras y a los sudamericanos acampesinados. Mi madre, multiplicada, hecha trizas, distorsionada, perdida en el escorzo platónico de mi peregrinaje sexual. Kristeva. Julia. Cierta adolescencia granujienta implica la ausencia de mujer, la separación de la madre, el placer primigenio proscrito y suprimido, la abolición del fundamento de la existencia, metafísica negativa, ateísmo. El silencio de Dios tras los males del mundo. La discreción de los placeres en mi cuerpo que intuye el tiempo y sus insidias. El tiempo: el más tembloroso de los placeres. Nada más que un silbido entre la tortuga y Aquiles. Todo un baile que eternamente oscila entre la alegría y la tristeza. Acaso sólo un oscuro cuadro pre-expresionista. Defender la música como Barret ha defendido a las hormigas. Hablar hasta que la fata morgana del delirio verbal nos ciegue, sobre los tambores de Mo Tucker que nos parecen tanto al monólogo de un Dios no necesariamente idiota. Cage y su piano preparado en el 39. El noise y la melodía bubblegum entrelazados en un tema de Sonic Youth. La siniestra cítara de Brian Jones en Paint it black, el primer tema dark del rock’n’roll. El desprecio de la música como representación del mundo en las onomatopeyas, gemidos y aullidos de Janis Joplin. Los acordes naif de las guitarras de Sex Pistols. Las pinceladas pollockianas de Brian Eno y su IBM. El niño que juega en la playa haciendo castillos de arena. El niño que llora al borde del río que fluye indiferente. Heráclito y Cioran. La muerte. Antiguamente, una historia sólo podía terminar de dos formas: los héroes se casaban o morían. Romeo y Julieta. Tom Cruise y Wynona Ryder. Hollywood y Venecia. Agua y sueños. Mentiras que fluyen. A Homero se le debe esta extraña frase: "Los poetas mienten siempre". Me enloquece su aberrante fidelidad hacia el hombre. Enmudezco ante esa lucha, de peculiar matiz gótico, entre la palabra y el vacío. Inútil pasión de Sísifo remontando... Superfluo hongo que trata de desenredar el kaos, la obscuridad... |