exit
(sobrevivir a:) el huevo de la serpiente
    .. there is merely an inability to bring the concepts into some kind of order.
    We stand there like the ox in front of the newly-painted stall door.(*)
1.
las 3 de la mañana, no podés dormir y vas a la cocina a preparar algo caliente.prendés la luz, y no, no te sorprende encontrar a un guerrero sumerio sentado a la mesa. de bronce, tiene que ser de bronce la lanza que ataja, apoyada en el piso, perfectamente vertical e inmóvil, con la mano izquierda. la melena ondulada brilla por la grasa de oveja, las placas metálicas del collar te recuerdan vagamente las de un yacaré gigante o un pez visto en sueños. te mira con cansada indiferencia, él tampoco se sorprende. treinta años, más o menos. tiene ojos grises, y dos arrugas finas en la frente. con la mirada te sigue mientras llenás el jarro con la leche que será del desayuno.. si alcanzo a desayunar, pensás -- pero pensás sin miedo recostándote por el marco de la puerta. el guerrero se queda mirando la llama azul donde parece flotar el jarro de leche. ahora podés mirarlo bien: aros, dos argollas, una en cada oreja. y la llama azul del gas se repite en el dibujo de lenguas de fuego anaranjadas y amarillas en la tela gruesa de la túnica, remolinos de fuego y hojarascas ardientes entrelazadas descienden hasta la cintura donde un nítido cinturón de cuerda trenzada, negro, corta el fuego e inaugura un como dosel azul, azul intenso, repleto de estrellas.. negras como la corta espada que cuelga de la cintura. la espada tan al alcance de la otra mano, libre, y la túnica tan densa te dan vértigo, te parece que podrías pasarte el resto de la madrugada, el resto de tu vida contando y recontando las estrellas negras, escapándote de la espada hacia las estrellas o hacia el fuego, perdiéndote en el azul intolerable de ese faldón que apenas deja ver que el sumerio está descalzo y ahora desliza los pies por el piso porque se está poniendo de pie y se te acerca. no te das cuenta de pequeños detalles: que la leche hierve y se derrama, que algo tintinea antes de acabarse la luz.
sí, pero el cielo interminable, cómo quema..
2.
Eso era una manera de decirlo -- no muy satisfactoria:
un estudio perifrástico en un gastado estilo poético
Los mejores versos de *esta* página no son propios.
3.
¿ oh lectorcito,
te hundiste nomás en la vía láctea
con el civilizado hocico de tu mente
aspirando furioso luz polvorienta,
tu médula sin mácula surcada
por eléctricos chorros de gravedad cero,
oh lectorcita insomne
raptada por la fuerza primitiva, el soldado
de la esquina, el infante de marina de la tele
(screen saver retumbante de batallas
moderna caja de modesta Pandora)
trasformados, travestidos en sumerio, distante y requintado,
porque sí, porque el filo de la espada es
metáfora común, de peligro signo,
de violencia es ícono
y el pie descalzo indicio inquietante
de que hay nomás un suelo diferente,
un arenario extraño donde hundirse,
o un mar evaporado que ensaya sus especies,
las enrosca una con otra,
una contra otra las adiestra,
laboratorio de máquinas naturales
aptas para eliminarte, oh lectorcita
un poquito paranoide, otro tanto preocupada
por el auge de violencia, oh lectorcito,
por el fuego que hincha y derrama
la blanca, la nutritiva
nada
4.
...un gastado estilo poético
que le deja a uno aún con la intolerable lucha
con palabras y significados. La poesía no importa.
...arrojar la escalera después de haber subido...
5.
La poesía no...
"
jamáimportó mi cuate
qué lo que pensá vo que hacé con ehto, hë? avave ko ndontendéi mba'e la eréa, mba'e la ereséa.
ha chamigo..

"
6.
con la intolerable lucha
con palabras y significados
7.
7.1
(en alabanza de Nuestra Señora de la Buena Muerte)
pase adelante y recuéstese en esta camilla.
cierre los ojos, las manos sobre el pecho.
llene los pulmones todo lo que pueda, aguante la respiración, yo le aviso.
relájese... ¿siente una aguja caliente en el dorso de la mano izquierda?.
¿siente una corriente eléctrica -- suave, sí, recién comenzamos -- en la mejilla derecha?.
aguante la respiración, no abra los ojos.
piense ahora: cuál sensación terminará primero...
piense y calle, y aguante la respiración.
¿qué le duele más? ¿la aguja o la corriente? ¿la mejilla o la mano?
más caliente ahora la aguja, más intensa la corriente, desplazándose:
desde la mano hacia el codo, desde la mejilla hacia el cuello..
ahora estamos llegando a la otra mano, ahora subimos hasta el hombro, no abra los ojos,
¿por qué insiste en respirar, si esta pinza le cierra la nariz?.
concéntrese en las sensaciones, perciba las piernas atadas y los brazos sujetos a la camilla,
qué sutiles fueron los nudos que no pudo notarlos antes.
por favor, atienda y perciba cómo delicadamente aumenta la temperatura de la aguja que se clava en el hombro,
no,
en la clavícula,
no, tampoco: ¿en el pecho?
¿estamos en el pecho ahora? ¿qué parte de su persona es este hueso que se resiste?.
¡bien! la aguja es nueva y el hueso resbaladizo, podemos entendernos para siempre.
¿por qué insiste en respirar, si no puede?.
¿por qué insiste en abrir los ojos, si están tapados?.
ahora piense:
dónde hincaremos la próxima aguja, dónde morderá otra más intensa corriente.
no respire -- mientras no pueda mirar;
no mire -- mientras no pueda respirar..
le avisaré cuando esto termine.
le avisaremos cuando tengamos más.
pero disculpe, esto que tiembla y se resiste a ser arrancado, ¿es su lengua?.
parece su lengua....
y aquí en el pecho -- sí, siéntalo, déjeme apretar con la pinza.. aquí debajo --
¿encontraremos un corazón, o un simulacro?.
más hondo, más abajo.. la pinza aprisiona un pedazo.
el tejido arrancado todavía vivo.. se contrae de dicha ante la caricia eléctrica.

ahora puede mirar,
ahora
es libre
7.2
quieto, caballito, quieto. que no se asuste. sujetale ahí, las patas. cuidado. atale el hocico. quieto. eso, así, quieto caballito. ¿y ese ruido? nada, ¿verdad? bueno tranquilo, nadie nos puede ver. la linterna, dónde está la lint... ah, bueno, a ver caballito. qué churro caballito, vamos afuera. empujale un poco, yo le estiro. nadie, ¿verdad? mirá un poco el campo, cómo brilla la luna.. jua! no te pongas lírico. rápido, que el tipo sospecha, capta algo raro. ¿huele la nafta? no sé, apurate. le ato al poste, ya está. ¿el bidón? pasame... dale, dale.. una ducha, caballito, te estamos duchando. uf, qué fuerte la nafta. ¿listo? listo. cuidado las patas.. ¡cuidado! una, dos, y... ¡tres! un fósforo encendido quemando la cola, otro más abajo en el pecho. ah, yo te dije, las llamas crecen instantáneamente. ahí va el caballito de fuego. enloquecido, a ver cuánto aguanta. una figura de fuego, llamas galopando hacia el borde del campo. vuelve, gira, se arroja al suelo, se incorpora, galopa. caballo de fuego. y esa luna... ¡curiosa!
[liturgias alternativas]
7.3
un estudio perifrástico no muy satisfactorio
un estorio satisfrástico no muy perifactudio
un esfrástico pertudio no muy tisfactosario
un esfrássadio tirístico no muy factotuperio

mas siempre la forma/el verso/el metro/la prosodiairrompible/invariante/indeclinable

...la lucha ¿intolerable ? con palabras...
ná que ver loo


--the end/opá/finis opusculi--

sequatur me


















































L.Wittgenstein, Remarks on Colour, 12.
Wir stehen da, wie der Ochs vor der neu gestrichenen Stalltür.
back/atrás





























El metafórico caballito puede reemplazarse, en la Realidad, por una de las tantas estatuas ecuestres que suelen proliferar en plazas y cruces de avenidas ciudadanas. Y tanto que un viejo sueño mío es, precisamente, impregnar de combustible y momentáneamente incendiar la (paseandera) escultura que honra, a su seudo-decimonónica y grandilocuente manera, las memorias del Mariscal Francisco Solano López y del fiel Mandyju, allá en lo alto de su pedestal, cualquiera en el momento sea. ¿Te imaginás que hermosa visión? A la noche (porque liturgias como ésta requieren la solemnidad de la alta noche), la ciudad completamente a oscuras, en un pacto ciudadano para realzar el cívico acto: y la estatua ardiendo, llameando al viento. Debería instituirse por ley de la nación un homenaje así, más allá de los vientos municipales. Y no me cuesta nada imaginar al bronce al rojo vivo, pintado por rayos láser o sopletes de acetileno, pulsando sus ondas de calor en la oscuridad, en espasmos de altísima temperatura, recordando en su encendido sueño de materia a la fragua original, y retornando a su apagada somnolencia mientras amanece, nuevamente de metal. ¿Y si llueve? Horrorizado, pienso en el fuego ahogado por el agua; pienso, ya casi escucho, las gotas chirriar evaporadas contra el metal. Nubes de vapor envolverían a la materia de homenaje; la vergüenza y el deshonor empañados en nuestros corazones. Pero no me digan que para conjurar la lluvia basta un toldo, ni un domo de cristal, altísimo: esta colectiva ceremonia de purificación sólo puede cumplirse al aire libre, jamás en el interior -- ni siquiera lujoso -- de un Panteón. El fuego es libre. Por ley debiéramos gozar de esta liturgia vulcánica.
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