Jorge Montesino

Una estrecha escalera

oculta entre el follaje





Una estrecha escalera

     entre el follaje



     de plátanos y mariposas

una escalera que no conduce



     vuelo

     rasante de la incertidumbre.

extremos extraviados sus puntas: la que marcha en descenso sobre el luminoso fuego de las brasas limpias de toda opacidad y la que se yergue en el extremo opuesto, llena de oscuridad vacía y también luminosa,

lanza tejida con plumas de pájaros aún desconocidos,

escondidas las dos a cualquiera de los sentidos.

Una estrecha escalera

     hecha de algún vuelo repentino.

No sé cuándo subo, cuándo bajo. No hay paredes en sus lados,

     flota y se hunde

      en un solo acto. Pero si las hubiera, tendrían estantes con cajones llenos de cosas parecidas a las que inventó una tarde de sol, remando, la fantasía extasiada de niñas del reverendo Dogson.

Un pozo sin fin en el que nadie cae excepto en el momento de los sueños.

Un pozo lleno.

Oscuridad que todo lo ilumina.

Hay algo como luces

y algo como sombras. Un solo algo que todo lo contiene. No sé cuál es la causa y cuál es el efecto.

      El ala que entorpece el paso de la luz.

      El ala que, desde la ausencia, lanza relámpagos.

He volado.

Y aunque el golpe sordo de esas patas en el potrero estoy en Ninguna Parte.

   escalera y lanza,     relámpagos y sombras

   plumas y caballos,     pájaros y pozos.



La liebre se desploma en pleno salto, he pasado por allí unas seis veces. La he visto morir cada vez idéntica y distinta. Caer desde la vida y chocar por vez última. Del aire a la tierra. Ninguna Parte es la muerte pero no negra oscuridad.



Abrir los ojos.

Verlo todo como nadie antes lo ha visto.

El cerro, el faro, los barcos pequeños, los senderos, la vista de los mares que arden y de los mares que callan su rumor de presos a la hora de acostarse, recogiéndose en un miedo casi palpable.



Que no se escape,

una escalera entre el follaje:

mariposas plátanos puntas vuelos incertidumbres brasas extremos oscuridad lanzas plumas paredes pájaros estantes niñas pozos sueños luces alas relámpagos plumas caballos sombras tierra liebre oscuridad patas mares potreros



Viaje desde el rebaño que cruza el arco iris hasta la nave indescifrable en la cual los remeros se amotinan para iniciar una derrota distinta. Tambores en la oscuridad de la travesía. Tambores sobre el agua y cuerdas mojadas y paños rotos y lo negro que resplandece de luz.



El amor en la escalera, entre el follaje.

Acto de invención que se prende a las manos y gira en volante hasta que el mareo

el ruido del rodar de la tierra sangra a la hora de alejarse

retumba el movimiento como si se deslizara sobre una rampa de madera

entra en la hora en que lo desconocido extiende sus reinos de agua rota, canta la noche, mientras la tierra rueda:

canción de la noche y de la luna

          canción de los niños en su cuna

canción del terror y de los miedos

          canción del amor y del jadeo

canción que me abraza con estrellas

          canción que me envuelve y no me deja.



Canta el perro armenio, cantan los gallos javaneses, cantan los tapires chaqueños, cantan los tigres siberianos, cantan los saurios amazónicos, cantan los halcones de ensueño, cantan los roedores pekineses, cantan las cabras de Manchurria, cantan los cerdos italianos, cantan los asnos marroquíes, cantan las presas apresadas, cantan los osos pirineos, cantan las focas islandesas, canta el jaguar de rocallosas, cantan los lobos de Polonia, cantan los avestruces marfilenses, cantan las truchas y salmones en las frías aguas de montaña, cantan los batracios azules y los escuerzos del camino y las ranas de los eucaliptus y los gansos en corrida, a campo traviesa por los campos del viejo hospital.

Arde el canto,

incendio de las canciones que cantan los animales.



Una escalera estrecha entre el follaje es una canción

y es ancha la música que se canta

y dura la palabra que se dice, lo que dura el movimiento que la dice y se queda buscando la salida hasta que el ojo o la mano,



certezas no.



Deslizamientos sin baba. Deslizamientos solos.

Un mundo diferente a esta escalera sin peldaños, un follaje hecho de plantas que se trasladan, este vuelo azucarado, esta caída en picada, este estrellarse en el suelo, trepo o tal vez repto hacia el campanario, echaré a volar la dudosa



echaré a volar las cosas vivas de todos los reinos

echaré vida a las inanimadas

echaré las campanas al suelo y tu boca lo sabrá cuando la luz

y tu piel lo sabrá cuando la sombra.







14 de enero del 2000